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    Del CNDP al M23

    Resumen del informe, traducido por AEB.

    La emergencia de la rebelión del M23 en el este de la República Democrática del Congo (RDC) en abril de 2012 ha redirigido la atención internacional en un complejo conflicto regional. A pesar de que la fuerte resistencia que ofrece la armada congoleña es esporádica, los soldados del M23 -bien armados- ha soportado varias derrotas humillantes y está intentando reunir una amplia coalición con otros grupos armados en la región. La crisis tiene el potencial de desestabilizar el este de la RDC o incluso el Gobierno en Kinshasa y ha puesto en marcha dinámicas sociales y políticas que serán difíciles de revertir.
    El M23 es el último de una serie de grupos armados emergidos en la región de los Kivus en los últimos años y debería ser analizado en un contexto histórico. M23 es un nexo entre fuerzas locales y regionales, propulsadas por una poderosa mezcla de intereses elitistas, debilidad estatal y conflictos locales. Sin embargo, no hay una estrategia política, ni en Kinshasa ni entre los patrocinadores, para resolver de un modo global las causas profundamente arraigadas que ayudan a promover tales rebeliones.
    La diplomacia se ha centrado en el rol de la vecina Ruanda, acusada por un Grupo Experto de las Naciones Unidas (ONU) y Human Rights Watch (HRW) de apoyar al M23 con armas, fondos y personal. En respuesta, varios gobiernos han suspendido su ayuda a Kigali. Mucha gente dentro y fuera de la región siente que el Gobierno de Ruanda merece la censura. Pero la falta de un plan de acción para canalizar la presión internacional, combinado con un continuo deterioro de las relaciones entre Kigali y Kinshasa, demuestra que la crítica no ha conseguido producir resultados tangibles.
    Para definir el camino hacia adelante, todas las partes necesitan involucrarse en un proceso político que redunde en un compromiso, no sólo para ocuparse del M23 sino también para atender las causas radicales de la crisis de los Kivus.
    El Gobierno de Ruanda, quien según las opiniones masivas es el principal responsable de la nueva rebelión, tendrá que aceptar la disolución, si no el desmantelamiento total de las redes del M23 en el este de la RDC.
    Por su parte, el Gobierno de la RDC tendrá que reconstruir las relaciones tan dañadas, estirarse para traer a las personas congoleñas tutsis de regreso a casa y ponerse de acuerdo para ayudar a Ruanda a vencer a las bolsas de resistencia de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR).
    Sin embargo, estas son medidas para salir del paso. Necesitan estar vinculadas a cambio a largo plazo en cuanto a actitudes e incentivos. El establecimiento de un aparato de Estado fiable en la RDC – armada, poder judicial y un poder ejecutivo político responsable- está todavía lejos. Sin embargo, ésta es la única alternativa presentada frente a la creación de milicias armadas violentas, que puedan disipar los miedos de la comunidad, garantizar la seguridad básica y proteger la propiedad.
    El Gobierno de Kinshasa debería abrirse a ideas como la descentralización duradera y sustancial, legitimar proyectos económicos transfronterizos, reconciliación intercomunitaria de base y protección legal de las minorías.
    Este informe, el primero de una serie de documentos sobre las partes enfrentadas en el este de la RDC, pretende informar de estas soluciones arrojando luz sobre los principales actores del conflicto y sus intereses. Comprender al M23 y su predecesor directo, el Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNDP), ayudará a explicar por qué la violencia persiste en la región desde el acuerdo de paz de 2002 unió al país y puso fin a una devastadora guerra.
    La principal fuerza que mueve a la rebelión es la creencia, sostenida en Kigali y entre las personas de negocios y comandantes militares tutsis en Kivu Norte, de que este gobierno congoleño disfuncional no conseguirá proteger sus diversos intereses: seguridad, inversiones y poder político.
    Para salvaguardar estos activos, tienen que estar respaldados por grupos armados: entre 2004 y 2009, el CNDP; y desde abril de 2012, el M23.
    Las violentas divisiones étnicas han exacerbado esta desconfianza. La comunidad tutsi, de la cual han emergido estos grupos armados, ocupa una precaria posición en Kivu Norte entre el privilegio y la discriminación.
    Sus líderes son algunos de los terratenientes y empresarios más ricos en la región, pero al mismo tiempo hay una indudable prevalencia del sentimiento antitutsi de virulenta intensidad en el Congo.
    Una fuente final de inseguridad en el propio estado congoleño. Su incapacidad para reforzar el reinado de la ley, junto con la insuficiente fuerza militar para suprimir a los rivales armados, anima la convicción de que la única manera de garantizar un mínimo de seguridad – proteger las libertades individuales y de propiedad- es a través de la fuerza armada. La debilidad de las instituciones estatales es quizás la parte más inextricable del enigma actual. Las soluciones a largo plazo para este ciclo de violencia incluyen una puesta a punto institucional, reforma de la ley de tierra y cambios fundamentales en las relaciones regionales, en particular ente Ruanda y la RDC. Estas soluciones no pueden ser impuestas desde fuera. Un panel de alto nivel reunido por la Unión Africana (UA) y la ONU podría proponer nuevas políticas para los gobiernos, altos mandos militares y líderes comunitarios en la región. Esto podría ser el primer paso del debate y ayudar a perpetuar un nuevo proceso político.


    Tipo:Análisis
    Tema:Relaciones internacionales, Países vecinos, Etnias, Alternativas futuras, Causas
    Autor: Jason Stearns
    Idioma:Inglés
    Editorial:Rift Valley Institute
    Fecha de publicación:01.11.2012
    Año de publicación: 2012
    Disponible: Gratuito
    Enlace web: http://riftvalley.net/resources/file/RVI%20Usalama%20Project%201%20CNDP-M23.pdf
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