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  • Qué es el conflicto del CongoR.D.
  • Historia
  • 2003-2009

    Modificado 17.11.2010.

    J. Kabila presidía el gobierno de transición formado en 2003, junto a cuatro vicepresidentes, entre los que estaba J.P. Bemba. La violencia continuó en forma paralela a los acuerdos. En 2006, J. Kabila ganó las primeras elecciones libres. La MONUC se convirtió en la mayor misión de paz de la ONU con 17 mil integrantes. El alto el fuego de 2008 no consiguió detener la violencia. Parte de los grupos rebeldes se integraron en las Fuerzas Armadas Congoleñas mientras que otros siguieron enfrentándose por el poder en uno de los territorios más ricos del mundo en minerales.

    A pesar de los documentos de paz firmados en 2003, la paz no se hacía realidad sobre el terreno. Sin embargo, la violencia cobraba poco a poco otras formas.
    El costo de la I Guerra  Mundial Africana acumulaba millones de vidas humanas perdidas tanto por las luchas como por las enfermedades y la desnutrición. La República Democrática del Congo (RDC) es un país muy grande con inmensos recursos económicos pero, según un informe de 2009 del Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC), “las luchas han sido estimuladas por la riqueza mineral del país y la violencia ha sido continua en el este del país. La perspectiva de una RDC pacífica, segura y estable estaba amenazada por el limitado éxito de las reformas de las fuerzas armadas de la RDC y las demoras en el desarme, la desmovilización y la reintegración de los ex guerrilleros. La situación era particularmente difícil en las provincias de Kivu Norte y Kivu Sur”.
    Gracias al acuerdo de Pretoria, en 2003 se puso en marcha un gobierno de transición presidido por Joseph Kabila y con cuatro vicepresidentes. Uno de los vicepresidentes era Jean Pierre Bemba, un millonario de la provincia de Equateur que había creado un grupo rebelde en torno a la Primera Guerra Mundial Africana, el Movimiento para la Liberación de Congo (MLC). Bemba también contaba con cuarto de los ministerios y tres regiones militares.
    Durante el período de transición, la violencia continuó desarrollándose de forma paralela en la zona este y otras regiones del país.
    A mediados de 2004, Laurent Nkunda al frente de la Unión Congoleña por la Democracia (CRD-RCD) inició una rebelión en Kivu Sur, argumentando su descontento con el proceso de Pretoria y la defensa de la comunidad tutsi banyamulenge a la que pertenece.
    El acuerdo de gobierno transitorio establecía también elecciones para el 30 de junio de 2005. Sería la primera votación libre en el país después de 45 años y su ejecución estuvo marcada por el desorden y la ausencia de reglas claras. No se había diseñado una ley electoral. Tampoco se había regulado la financiación pública de los partidos políticos ni el registro de los partidos de oposición y las reformas de la seguridad tenían importantes demoras. El proceso de reunificación de las fuerzas armadas era confuso, y soldados sin paga o mal pagados constituían una amenaza diaria a la paz y la estabilidad. A esto se sumaban la inestabilidad y falta de autoridades válidas en las provincias.
    Además, en febrero de 2005, el MLC del vicepresidente Jean Pierre Bemba amenazó con minar el frágil proceso de transición retirándose del gobierno si la implementación del Acuerdo de Pretoria y las medidas para asegurar las elecciones seguía demorándose.
    Finalmente, las elecciones se realizaron en 2006 y las ganó Joseph Kabila, quien regía el país desde 2001, tras heredar el poder de su padre Laurent Kabila. Bemba, que quedó segundo, calificó al ganador como un “títere de la comunidad internacional” y se resistió a aceptar la legitimidad de su mandato.
    En torno a las elecciones, la fuerza de paz de las Naciones Unidas en la RD Congo, MONUC, llegó a desplegar 17.000 personas, entre militares, policías y civiles conformando la mayor misión de paz de la historia de la ONU.
    En Kivu Norte y Kivu Sur continuaban los enfrentamientos entre numerosos grupos armados y las Fuerzas Armadas de la RDC (FARDC).
    Los mai-mai, grupos tradicionalmente autodefensivos de las provincias de Kivu Norte y Sur, se aliaron con el régimen de Kabila y se opusieron juntamente a la RCD de Nkunda y al MLC de Bemba que contaba con el apoyo de Uganda. Los mai-mai se adjudicaban la representación de la población de los Kivus y dirigían campañas paramilitares contra los grupos rebeldes.
    El RCD, dirigido por Nkunda e integrado principalmente por tutsis, se enfrentaba a su vez a los hutus ruandeses reunidos en el Frente Democrático para la Liberación de Ruanda (FDLR), parte de los cuales habían participado en el genocidio de Ruanda de 1994.
    Ese año también se firmó una conciliación por la cual parte de los grupos rebeldes se integraron a las FARDC. Nkunda rechazó esa propuesta y fundó el Congreso Nacional por la Defensa del Pueblo (CNDP) con el que siguió enfrentándose a los hutus del FDLR. Sin embargo, sí aceptó el plan de integración de 2007 y parte de sus 4.000 soldados bien entrenados, comenzaron a integrarse en las fuerzas armadas nacionales en febrero de ese año, creándose brigadas integradas tanto por soldados como estos rebeldes tutsis para perseguir a las milicias hutus ruandesas.
    El Gobierno convocó a una conferencia de paz en Goma a comienzos de 2008 en la que participaron la mayoría de los grupos armados de la región, pero no el DFLR. Allí se firmó el 23 de enero un alto el fuego cuya implementación fue ardua. También se creó una zona de seguridad patrullada por los cascos azules de la MONUC en Kivu Norte. Según refiere el informe del ICRC, la situación humanitaria y la seguridad continúan deteriorándose en Kivu Norte y, en menor medida, en Kivu Sur.
    Los rebeldes de Nkunda integrados en las fuerzas armadas fueron acusados de violaciones, matanzas arbitrarias y desplazamientos sistemáticos de civiles; frente a lo cual el Gobierno detuvo su accionar conjunto. Nkunda respondió cambiado el foco de sus ataques contra el DFLR hacia las FARDC. En agosto de 2008 atacó a las bases militares y áreas que se encontraban bajo protección formal de la misión de paz de las Naciones Unidas, MONUC.
    Ante la imposibilidad de vencer al CNDP, el Gobierno congoleño acordó en 2008 con el Presidente ruandés, Paul Kagame, dar acceso a su territorio a los soldados del vecino país para erradicar al movimiento rebelde.
    En enero de 2009, las tropas ruandesas ayudaron al gobierno congoleño a detener a Nkunda. Bosco Ntaganda fue proclamado nuevo líder del grupo y anunció que el CNDP se unía a las fuerzas de la armada nacional para luchar contra el FDLR. A cambio, el CNDP consiguió la liberación de prisión de sus integrantes al convertirse en un partido político. Esta amnistía comenzó a ejecutarse en septiembre con la liberación e incorporación a las fuerzas armadas de 122 exintegrantes del CNDP, con el apoyo de MONUC y la aprobación del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon.
    Tras la detención de Nkunda, las tropas ruandesas cruzaron la frontera para conducir operaciones conjuntas con la armada congolesa contra el DFLR en Kivu Norte como parte de la operación Umoja Wetu. El resultado fue una escalada de la violencia contra los civiles.
    Desde 1998 hasta 2008 se registraron 5,4 millones de personas muertas en todo el país. En 2008 se hablaba de 340 mil personas desplazadas, aunque unas 15 mil habían retornado a sus hogares en 2007 y unas 72 mil lo harían al año siguiente. Además ha habido frecuentes reportes de personas armadas asesinando civiles, destruyendo propiedades, cometiendo delitos de violencia sexual generalizada, y otras formas de violación de las leyes humanitarias y de derechos humanos, según reporta ICRC.
    En 2009, la situación lejos de mejorar empeoró con una nueva operación militar.
    Para poner fin a la violencia contra la población civil, desarmar a las fuerzas restantes del FDLR en Kivu Sur y recuperar el control de las minas, el Gobierno lanzó la operación Kimia II. El 2 de marzo de 2009 las Fuerzas Armadas Congoleñas, comenzaron las acciones con el apoyo de la MONUC. Pero su acción produjo el efecto contrario ya que, por una parte, despertó represalias contra la población local (como había sucedido con la operación Umoja Wetu en Kivu Norte); y por otra parte, parte de los soldados del ejército congoleño no hicieron distinción entre combatientes y civiles en sus ataques en las aldeas.
    Las voces de alarma de las ONG no se hicieron esperar. Ante la fundada base de que parte de los militares violaban los derechos humanos de los civiles, el 19 de noviembre, MONUC retiró la ayuda que ofrecía a ciertas unidades de las FARDC que participaban en la operación.
    Las FARDC anunciaron en enero de 2010 la operación Amani Leo (“la paz ahora, en swahili), acogida con gran escepticismo por el panel de Expertos para la RDC de la ONU y las ONG en el terreno, quienes temen un empeoramiento de la situación humanitaria.

    Ituri y Katanga
    Paralelamente a esta situación, la provincia de Ituri había sufrido desde 1999 un conflicto que provocó al menos 60.000 muertes y el desplazamiento forzoso de 500.000 personas (sobre una población de 4,5 millones). Entre las causas estaban las disputas por la propiedad de la tierra entre lendu (agricultores) y hemas (ganaderos), tensiones intercomunitarias que han sido manipuladas, instrumentalizadas y avivadas por intereses económicos y políticos. En un informe, la Escola de Cultura de Pau aclara que la región estuvo controlada desde el inicio de la guerra por las fuerzas armadas ugandesas, cuyo objetivo principal “fue ejercer el monopolio sobre los principales recursos naturales locales”. Según la ECP, los Gobiernos de Uganda, Ruanda y la RDC tenían actores armados locales que utilizaban para maximizar sus intereses en esta región rica en madera, oro, diamantes, coltán, uranio y petróleo.
    Entre abril y mayo de 2003 se retiraron las tropas ugandeses provocando un vacío de poder que intentaron ocupar las diversas milicias y grupos locales provocando una escalada de violencia parcialmente sofocada por una misión de la UE, según la ECP. En la actualidad, la presencia de la MONUC y los programas de Desarme, Desmovilización y Reintegración redujeron la tensión en la zona.
    Y Katanga, la zona más rica en minerales del país y tierra natal de Laurent Kabila, sigue siendo otro de los focos de violencia.
    Los depósitos de cobre y cobalto de Katanga han impulsado a los políticos provinciales –principalmente a los del norte- a cultivar redes personales en las fuerzas de seguridad locales para proteger sus intereses y amenazar a sus rivales, según un informe de 2005 Crisis Group International.
    Estos oficiales son mal vistos por los sureños, quienes se sienten excluidos de la abundancia de la provincia. Esta rivalidad a disparado la violencia, dando origen a enfrentamientos como el de octubre de 2004, en el cual las fuerzas armadas mataron a 70 civiles al reprimir una rebelión de la “destartalada” milicia de la ciudad minera de Kilwa; o el de mayo de 2005, en el que oficiales apresaron a políticos y oficiales  militares del sur de Katanga, acusándolos de intentar escindir Lubumbashi.
    Actualmente los enfrentamientos en Katanga se producen por un lado entre los residentes del Norte y el Sur de la provincia; por otro entre los llamados “nativos” y los percibidos como “extranjeros”; y entre las fuerzas armadas y los mai-mai.
    En estas luchas, cientos de mujeres fueron violadas y miles de personas se vieron forzadas a desplazar su residencia. El caos generalizado ha provocado que los abusos se dirijan también directamente contra la población civil, tanto para sembrar el pánico como para abastecerse de recursos diversos.
    Las tropas de las Naciones Unidas son escasas y están desperdigadas, en una provincia que tiene la superficie de Francia.
    Por otra parte, las campañas electorales de 2006, han reiniciado el conflicto entre los nativos de Katanga y los inmigrantes provenientes de la provincia de Kasai. Bajo el reinado belga, muchos lubas de Kasai (que dirigían un imperio entre 1500 y 1800 en la región) llegaron a dirigir las compañías mineras y la administración estatal, creando tensiones que fueron manipuladas por los políticos. Según Crisis Group, en 1992-1993 la clase política de Katanga había organizado milicias para realizar una limpieza étnica de la región. Fueron asesinados más de 5000 lubas. El partido Unión de Congoleños Nacionalistas y Federalistas, UNAFEC, regido por parte de quienes lideraron la violencia a comienzo de la década de 1990, está utilizando a sus jóvenes bandas para intimidar a la oposición, la cual es a menudo de origen luba.
    La violencia en las áreas remotas del norte de Katanga está fuertemente vinculada con los actores de Kinshasa. Durante la I Guerra Mundial de Africa, Laurent Kabila se vinculó con varias milicias de mai-mai en la región para contener el avance de los rebeldes respaldados por Ruanda. Estas milicias reforzadas por armas de los oficiales de Kinshasa incluso hasta 2004, no se habían reintegrado en la armada nacional –en 2005, según Crisis Group- y luchaban unas contra otras por los derechos de caza furtiva y los tributos.



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