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  • Género y Paz - Situación de género en RDC

    Denis Mukwege recibe el Premio Sájarov

    Haizea Mariti Sánchez de Luna, Estudiante en prácticas ACNUR Euskal Batzordea / Kivu Sur / 06.11.2014
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    Activistas participantes del movimiento V-Day. Foto archivo: Hospital Panzi.

    Denis Mukwege, ginecólogo congolés, ha ganado el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia 2014 por su dedicación a las mujeres víctimas de agresiones sexuales. Desde 1988, el Parlamento Europeo concede este premio anualmente a personas o colectivos cuyo esfuerzo se centra en defender los derechos humanos y las libertades fundamentales.

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    Equipo de Panzi. Foto de archivo: Hospital Panzi.

    Denis Mukwege es el fundador y director del Hospital Panzi en Bukavu, República Democrática del Congo (RDC), especializado en el tratamiento de mujeres víctimas de violación y ablación en África. La guerra de cinco años, que oficialmente se dio por acabada en 2003, ha dejado tras de sí conflictos sobre todo en la parte este del país, donde se siguen produciendo ataques a la población civil y violaciones en grupo. “Se habla de ellas como números. De esta forma no logramos apreciar del todo la individualidad de cada una de estas mujeres que han pasado por una experiencia tan horrible y destructiva”, afirma el médico.
    Además de los servicios ginecológicos, el hospital trabaja con otros tres departamentos: Medicina Interna, Cirugía y Pediatría. Cuenta con su propio laboratorio, un banco de sangre, unidades de radiología, ultrasonido y endoscopia, y servicios dentales y oftalmológicos. También existe un Centro de Nutrición que, además de tratar a las mujeres pacientes dentro del hospital, proporciona semanalmente ayuda alimentaria así como asesoramiento sobre nutrición y salud maternal, a unas 250 personas que viven en los alrededores.
    El plan de acción de Panzi se basa en un tratamiento holístico sujeto a cuatro pilares: cuidado médico, apoyo psicológico,  reinserción social y económica, y  asistencia jurídica. Más allá del tratamiento físico, la asistencia psicológica es fundamental para contrarrestar el trauma con el que llegan las pacientes al hospital. Con todo, lo que termina de hacer su labor única y diferente al resto de hospitales del este del Congo y de la región de los Grandes Lagos, es la búsqueda de la reintegración. Para ello, se trabaja con un modelo “One-stop”; esto significa que toda mujer que llegue al hospital buscando ayuda tiene automáticamente derecho a todos los servicios que necesite facilitados en un mismo lugar, ya sean ginecológicos, para criaturas recién nacidas o de planificación familiar. Una vez dadas de alta, las mujeres pueden quedarse en Bukavu y participar en las diversas actividades socioeconómicas coordinadas por Panzi y su Fundación o bien volver a sus hogares.
    La Fundación Panzi, cuya acción es complementaria al hospital, fue cocreada en 2008 por Mukwege y colegas del hospital con el objetivo de servir como apoyo al centro y como medio para expandir sus servicios a comunidades y clínicas rurales. Entre los proyectos que buscan encauzar de nuevo las vidas de las víctimas, la Casa Dorcas es una especie de refugio de crucial existencia, ya que un 40-60% de las mujeres tratadas en el hospital no pueden volver a sus casas. En esos casos, la gran mayoría son rechazadas por sus maridos y familias debido al estigma asociado a la violación, pero otras veces se debe a la continua dependencia que generan enfermedades como el SIDA o al hecho de encontrarse en ruinas lo único que conocen como hogar. Durante su estancia, además de continuar la terapia, se les instruye en diversas habilidades que más tarde puedan proporcionarles sustento. La necesidad y efectividad de la Casa Dorcas ha permitido que actualmente estén en construcción otras tres en los alrededores de áreas en conflicto. Con la ayuda de UNICEF, la Fundación ha sacado adelante el Centro de Atención a Menores, donde los niños y niñas viven mientras sus madres están ingresadas. Aquí no sólo se les proporciona alimentación y asistencia médica, sino también zapatos y libros para atender a clases.
    Otro proyecto, el Ushindi, trabaja en nueve zonas del este de difícil acceso donde la inseguridad y la tasa de violencia sexual son mayores. Este programa, de nombre “victoria” en swahili, enfoca sus esfuerzos en la movilización de las comunidades contra la violencia doméstica a través del contacto con lideresas y líderes locales, así como la presencia de personal sanitario, policial y jurídico. Con ello se espera mejorar la identificación y respuesta a casos de violencia de género.
    Por último, en el ámbito más activista en pos del empoderamiento de la mujer, la “Ciudad de la Alegría” es otra iniciativa que, bajo el lema “Del Dolor a la Fuerza” y apoyada por el movimiento internacional V-DAY, forma a mujeres para continuar en la lucha por sus derechos y la justicia de las supervivientes de violencia. El proyecto de esta “V” es el reflejo de “Victoria”, “San Valentín” y “Vagina” como conexión entre el fin de la violencia, y el amor y respeto a las mujeres. “Hay algo en cada mujer que es irrompible. Nadie ha matado su espíritu” relata la fundadora del movimiento, Eve Ensler, a vuelta de uno de sus viajes a Bukavu. “El mismo Mwekege me susurró que ver la fuerza de estas mujeres y su felicidad es lo que le hace volver cada día”.
    En la esfera internacional, el tratamiento holístico de Panzi y su experiencia en devolver autonomía a las mujeres ha logrado traspasar fronteras, situándolo entre las 100 mejores ONG de 2012. A título personal, Mukwege ha sido galardonado con numerosos premios. Entre ellos se encuentran el Premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (2008), el Premio Olof Palme (2009) y el Premio Internacional Rey Balduino para el Desarrollo (2011). Además,  ha sido tres veces nominado al Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, y a pesar de su éxito, RDC sigue contando con un pobre sistema sanitario cuyos efectos son visibles en la población congoleña y sobre todo en las mujeres que viven en comunidades rurales y vulnerables. Es cierto que la mayoría de hospitales estatales ofrecen servicios de salud maternal, pero no cuentan con una asistencia específica en violencia sexual. A esto hay que añadir las dificultades que suponen el coste y el desplazamiento para las comunidades rurales. Económicamente, las donaciones y fondos públicos permiten al hospital ofrecer gratuitamente el tratamiento a las pacientes más vulnerables en casos de violencia sexual, malnutrición y SIDA. Sin embargo, estos fondos son insuficientes y el 50% de las pacientes no pueden hacer frente a los costes. Según datos del propio hospital, en 2011 llegó a tener alrededor de 18.500 pacientes.
    Así lo explica el doctor Denis Mukwege: “En RDC hemos intentado hacer la paz sacrificando la justicia. Pero hoy en día no tenemos ni paz ni justicia”. En este contexto de seguridad inestable y abastecimiento insuficiente de agua y electricidad, los esfuerzos de la comunidad internacional en la visibilización y resolución de conflictos no llegan a tener un impacto suficiente. Mientras tanto, el trabajo de personas como Mukwege permite que miles de mujeres víctimas de violación y ablación puedan encaminar de nuevo sus proyectos de futuro. En uno de sus discursos ante las Naciones Unidas, el ginecólogo concluyó: “Le ha pasado a otra persona, pero le ha pasado a una de nosotras. Porque todas pertenecemos a la misma familia de la sociedad humana”.

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